¿Cómo Funciona la Sanación con Reiki?

La energía, es solo eso, energía, no existe energía mala ni buena, solo bien o mal dirigida. En una persona sana la energía fluye de manera armoniosa por nuestro cuerpo físico a través de los chakras, meridianos energéticos o nadis, rodeando también nuestros cuerpos sutiles presentes en el campo energético o aura. Esa fuerza energética nutre nuestros órganos, células y tejidos, regulando las funciones vitales. Si existen excesos físicos, emocionales y mentales, se producen desarreglos en el flujo energético, generando “nudos” o bloqueos energéticos que interrumpen el flujo normal de la energía vital, originando así una disfunción de los órganos, causando un desequilibrio o enfermedad.

El Reiki cura al pasar a través de la parte afectada de nuestro campo energético, elevando el nivel vibratorio dentro y fuera de nuestro cuerpo físico, donde se alojan sentimientos y pensamientos en forma de nódulos energéticos, que actúan como barreras para nuestro flujo normal de energía vital, reduciendo nuestra calidad de vida.

En casos de deficiencia ocurre un vacío energético que igualmente impide que los órganos se nutran y funcionen adecuadamente, creando igualmente un patrón de enfermedad. Dado que la energía universal no conoce tiempo ni espacio, el Reiki puede utilizarse en presencia y a distancia, para eventos del pasado, del presente y del futuro.

REIKI no sólo puede curar sino que es un coadyuvante importante en el tratamiento de cualquier patología, intervenciones quirúrgicas, tratamiento del dolor, problemas psíquicos y en general cualquier trastorno del ser humano. A modo de ejemplo podemos citar nuestra experiencia personal.

Se ha observado una disminución importante del estrés y la ansiedad en personas tratadas con Reiki, así como la regulación del peso corporal. También ha sido de gran valor el Reiki en los preoperatorios y postoperatorios para facilitar la recuperación de los pacientes. Los efectos en personas deprimidas son incalculables incluso tratándolos a distancia.

 

Se puede afirmar que el reiki actúa a todos los niveles y en todas las enfermedades. Molestias corporales, trastornos, disfunciones metabólicas, lesiones orgánicas profundas, dolores agudos y crónicos, enfermedades degenerativas, bloqueos energeticos, tensiones musculares y nerviosas, estados emocionales, depresion y falta de vitalidad, insomnio, estrés en sus varias manifestaciones, incluso enfermedades graves, como diversos tipos de cancer, el Sida y otras manifestaciones de inmunodepresión, quemaduras.

Prácticamente todo el ámbito de la patología humana responde positivamente a la sanación por Reiki. Alergias e intolerancia, asma y otras manifestaciones psicosomáticas se pueden aliviar y curar por su acción armonizadora sobre el sistema inmunológico. Disfunciones endocrinas, como la diabetes, se regularizan progresivamente permitiendo así una disminución de las terapias hormonales. Las heridas se cicatrizan más rápidamente, las quemaduras graves y extendidas se pueden curar sin infecciones y sin dejar cicatrices antiestéticas. Los pacientes cancerosos tratados con quimio y radioterapia notan alivio e incluso desaparición de los efectos colaterales y secuelas, experimentando una estimulación de la vitalidad en general y de las defensas inmunológicas en particular.

En los embarazos la terapia de Reiki armoniza tanto a la madre como al feto, haciendo de este un período sin contratiempos.

No existen contraindicaciones ni efectos secundarios negativos.

No es posible una sobredosis porque el proceso se autorregula y se limita a la capacidad receptiva del paciente.

También proporciona una valiosa ayuda en el campo del equilibrio emocional, restableciendo la armonía en situaciones traumáticas y conflictivas, como son las relaciones familiares y profesionales.